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martes, 23 de abril de 2013

No. Basta


Gustavo Esteva (Mex.)


Su ¡Basta ya! llegó con un tren, que los ayudó a inventarse y a caminar con los nuevos vientos que corren por el mundo, los vientos de revolución.
Val de Susa es un pequeño valle de belleza impresionante, en el norte de Italia, en el cual viven unas 80 mil personas. Son campesinos, profesores, trabajadores de pequeñas industrias, empleados de comercios pequeños y servicios turísticos y personas que viajan diariamente a Turín para trabajar. Están en 37 comunas, la unidad básica de administración municipal. Algunos son descendientes de familias asentadas por siglos en este valle, pero la mayoría llegó después de la Segunda Guerra.
No surgieron de la nada. Me tocó llegar el día de un concurrido evento: la conmemoración anual de la lucha armada contra el fascismo. Las luchas actuales, se dijo ahí, son siempre una batalla de la memoria contra el olvido, particularmente cuando allá arriba quieren suprimir el pasado para repetirlo. Recuerdan con orgullo a los trabajadores que se negaron a producir partes de armas en una pequeña fábrica del valle. Recuerdan con pesar sus fracasos: no pudieron impedir la línea de alta tensión ni la autopista, contra la cual lucharon por más de 20 años. Es que nunca prendió, me dicen; fue una lucha elitista en que unos cuantos hablaban de daños al ambiente. Y nada más.
En una reunión sobre la autopista, en 1989, Claudio supo del proyecto de un tren de alta velocidad que cruzaría los Alpes y el valle y circuló rápidamente la información. De una manera que nadie podría explicar, el movimiento empezó.
Hay momentos claves que todos identifican. Por ejemplo, el 6, 7 y 8 de diciembre de 2005, cuando la policía agredió a un grupo de manifestantes pacíficos y en unas horas bloquearon por completo el valle: la gente salió a cerrar carreteras, la vía del tren, todo, hasta que liberaron a sus compañeros.
Alberto, Leonora, Claudio, Sandra, Nicoletta, Bruno… Hay nombres de algunas personas que quizá son más visibles que otras. Pero no hay héroes ni líderes. Es la gente, los hombres y las mujeres ordinarios, que se plantaron radicalmente ante el poder y en el camino inventaron al sujeto social que comienza en todas partes a formar una nueva sociedad.
El Comité del Hábitat fue durante mucho tiempo un núcleo de información y gestiones. Pero se han multiplicado los comités, que se pueden formar en cualquier momento por iniciativas diversas. Periódicamente realizan asambleas comunales, enteramente abiertas, en que todas y todos pueden participar. De vez en cuando organizan una asamblea de todo el valle. Abierta. Sin controles. Sin votaciones. Basada siempre en la búsqueda cuidadosa del consenso.
El NO TAV, no al tren de alta velocidad, es sólo el símbolo generalizado de una lucha muy compleja. Se rechaza mucho más que el tren. Se quiere detener la locomotora enloquecida del progreso científico-tecnológico, de la velocidad, de las obras inútiles, del autoritarismo. Se quiere salir del lodo social y político en el cual, como en México, no es posible distinguir el mundo del crimen del mundo de las instituciones. Todo mundo sabe de los intereses de la mafia involucrados en el proyecto y cómo los miles de toneladas de cemento de la autopista sirvieron para lavado de dinero…
Me llevaron a un presidio y me mostraron varios. Con ese nombre peculiar designan ciertos puestos de control de la sociedad civil. Son pequeñas construcciones en que se instalan a observar lo que pasa –por ejemplo con las máquinas para la obra protegidas por la base militar. O bien se asientan ahí algunos para empezar a vivir de otra manera, más allá del individuo y la mercancía, y mostrar el sentido de la lucha.
Se olfatea zapatismo en todo el valle.Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece, hizo grafitear un síndico en toda su comuna. Se extiende la afirmación de dignidad. Se cuida la red de relaciones, la fiera autonomía, la solidaridad, la interacción social. En Túnez, en el Foro Social Mundial, se acaban de unir a la Red Europea contra las Obras Inútiles. Aunque el rechazo radical a estas obras es motor de movimientos bien localizados, en Val de Susa saben bien que la lucha no es por los metros que se expropiarían para el tren o por los daños al ambiente. La defensa del territorio es un acto de soberanía popular en que se defiende mucho más que la tierra. Y la resistencia, que dura ya un cuarto de siglo, se asienta claramente en el intento de crear una nueva sociedad. En una revolución.
Art. aparecido en La Jornada.

sábado, 12 de enero de 2013

El zapatismo, Salinas y el PAN


Luis Hernández Navarro (Mex)


Ignorancia, pérdida de memoria o mala leche son algunas de las razones que explican las opiniones de quienes aseguran que el zapatismo es una creación de Carlos Salinas de Gortari, o que dejó de luchar durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón y acordó un entendimiento con ellos. No hay un solo hecho que justifique esas acusaciones.

Si una fuerza descarriló el proyecto de poder transexenal de Salinas esa fue el EZLN. Si un movimiento abolló la corona del mandatario que pretendía pasar a la historia con bombo y platillo, ese fue la rebelión indígena del sureste.
El balance que el zapatismo hace sobre la forma en que 12 años de administraciones de Acción Nacional, en general, y seis de Felipe Calderón en particular, encararon el desafío del EZLN no hace concesión alguna. Su juicio es sumario: fracasaron.
Ironías de la historia –advierte el subcomandante Marcos–: el Partido Acción Nacional (PAN) pidió en enero de 1994 que se aniquilara a los rebeldes porque amenazaban sumir al país en un baño de sangre y, ya hecho gobierno, llevó el terror y la muerte a todo México. Y sus legisladores votaron contra los acuerdos de San Andrés porque significaban la fragmentación del país, sólo para terminar entregando una nación hecha pedazos.
El apretado saldo de dos sexenios panistas que hacen los rebeldes remata los 12 años de resistencia que protagonizaron contra ellos. Resistencia que combinó movilizaciones nacionales de gran aliento con la construcción de la autonomía sin pedir permiso en sus territorios; la denuncia de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón con el desarrollo de ideas precisas sobre la necesaria relación entre ética y política, y sobre la teoría y la práctica.
Es absolutamente falso que los zapatistas hayan dejado de luchar durante estos últimos 12 años. En marzo de 2001 realizaron la Marcha del Color de la Tierra, la movilización por el reconocimiento de los derechos y la cultura indígenas más importante en la historia del país. Despachaba ya en Los Pinos Vicente Fox y sus voceros insistían en que la lucha del EZLN no tenía ya sentido porque se había consumado la alternancia política.
En aquella ocasión, lejos de dar solución a las demandas de los zapatistas y abrir la puerta a la solución del conflicto, la clase política en su conjunto decidió no cumplir los acuerdos de San Andrés. A cambio, legisló una reforma constitucional que no reconoce a los pueblos indígenas el derecho al territorio, el uso y disfrute colectivo de los recursos naturales, a las comunidades como entidades de derecho público, el respeto al ejercicio de la libre determinación de los pueblos indígenas en cada uno de los ámbitos y niveles, y muchos otros puntos más pactados. Meses después, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se negó a reparar el daño causado.
El 8 de agosto de 2003, aniversario del natalicio de Emiliano Zapata, miles de indígenas zapatistas y destacamentos de la sociedad civil se concentraron en la comunidad de Oventic para celebrar el nacimiento de las juntas de buen gobierno. Allí se dio a conocer el informe sobre el primer año de actividades de los caracoles y las juntas de buen gobierno, en el que se da cuenta de cómo los pueblos zapatistas construyen su autonomía, es decir, se dotaron a sí mismos de un órgano de gobierno propio con funciones, facultades, competencias y recursos. Retomaron el control de su sociedad y la reinventaron.
En 2005 y a lo largo de 2006 el EZLN dio a conocer la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y promovió la organización de la otra campaña, iniciativa que se desplegó en todo el país, no electoral en tiempo de elecciones, que buscó organizar desde abajo y a la izquierda la resistencia popular. La movilización enfrentó un clima adverso del poder y de sectores de la izquierda, y la salvaje agresión gubernamental a los pobladores de San Salvador Atenco, uno de sus adherentes.
Sin ambigüedad alguna, tanto en 2006 como en 2012 los zapatistas denunciaron el fraude electoral. En su último comunicado consideran que Enrique Peña Nieto asumió el poder con un golpe de Estado mediático.
A finales de 2008 y principios de 2009 se realizó el Festival de la Digna Rabia, en el que se anticiparon muchas de las expresiones de descontento social que, a partir de entonces, comenzaron a brotar en los países desarrollados. También han sido notables por la riqueza, los sucesivos seminarios de análisis sobre la realidad internacional y las experiencias autonómicas efectuados en San Cristóbal de las Casas, con la participación de intelectuales como John Berger, Immanuel Wallerestein y Naomi Klein, por citar algunos.
Durante 2011, Marcos y el filósofo Luis Villoro sostuvieron un intercambio epistolar sobre la relación entre ética y política. En su primera carta, el subcomandante escribió: “Ahora nuestra realidad nacional es invadida por la guerra. Una guerra que no sólo ya no es lejana para quienes acostumbraban verla en geografías o calendarios distantes (...) esta guerra tiene en Felipe Calderón Hinojosa su iniciador y promotor institucional (...) Quien se posesionó de la titularidad del Ejecutivo federal por la vía de factono se contentó con el respaldo mediático y tuvo que recurrir a algo más para distraer la atención y evadir el masivo cuestionamiento a su legitimidad: la guerra”.
Coherente con esta posición, el 7 de mayo de 2011, unos 25 mil zapatistas marcharon por las calles de San Cristóbal en apoyo de la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia y contra la guerra de Calderón, que encabezó el poeta Javier Sicilia. Se movilizaron al llamado de quienes luchan por la vida, y a quienes el mal gobierno responde con la muerte. Ninguna otra fuerza política en el país sacó a la calle tanta gente para enfrentar este desafío.
Nadie tiene en el país el monopolio de la lucha de resistencia contra el poder. En esa resistencia, los zapatistas han jugado un papel central. Pretender menospreciarla o falsearla, sugiriendo que su existencia beneficia al PRI o al PAN, no hace sino favorecer a los señores del poder y del dinero.